Memorias de un desmemoriado de Benito Pérez Galdós

Son estas memorias del gran Galdós un mucho olvidadizas, apenas si nos cuentan todo aquello que ha vivido y sentido este gran escritor.

Un amigo mío con quien me unen vínculos sempiternos ha dado en la flor de amenizar su ancianidad cultivando el huerto frondoso de sus recuerdos; mas en esta labor no le ayuda con la debida continuidad su memoria, que a las veces ilumina con vivísimo esplendor los días pasados y luego se eclipsa y los deja sumergidos en noche tenebrosa. p.11

Gran viajero, gran curioso y observador de la condición humana, Galdós se pasea sin hacer demasiado ruido por su vida y nos deja algunas anécdotas: sus viajes por Europa y España, su cultura histórica y artística, las amistades, los problemas editoriales, estrenos teatrales, rencillas con actrices famosas, entrevistas con reinas en el exilio, revoluciones, crisis políticas y su enorme inquietud y preciosa prosa.

Como lectores cotillas que somos, nos quedamos con ganas de más. Especialmente interesante me ha parecido el pasaje en el que cuenta la excursión a Nápoles y la subida en coche y funicular al Vesubio junto a su amigo Pepe Galeano, peligrando su vida puesto que:

“La contemplación del cráter no podía durar más que segundos, porque el calor nos ahogaba. Bajamos a tropezones como autómatas, respirando azufre y doloridos de todo el cuerpo”. P. 65

Subida al Vesubio

O el viaje en tren a Zaragoza con Serrano y Topete – héroes de la Revolución de 1868: La Gloriosa – , la descripción del ambiente de alegría y algarabía de una nueva posibilidad pronto abortada.

De Zaragoza recibieron nuestros gloriosos generales una invitación para asistir a un certamen de artes e industrias que en aquella ciudad se celebraba. […] El tren que conducía la variada muchedumbre de expedicionarios partió una mañana de octubre. p. 19-20

Si los magnates de la política y los literatos eminentes iban satisfechos, los chicos folicularios reventábamos de gozo. p. 20

Y en el fondo, entre viaje y viaje -¡qué grandes viajeros fueron nuestros escritores del diecinueve!-, también nos deja retazos de la escritura de sus obras: La Fontana de Oro, Fortunata y Jacinta, Ángel Guerra, Realidad; nos habla de amistades con otros escritores, de sus ideas y maestros literarios; nos relata los viajes documentales para escribir las diferentes series de Los Episodios Nacionales a Santander, a Guipúzcoa; y nos ofrece su inquisitiva mirada y los amplios conocimientos artísticos e históricos.

En mis correrías, las personas y cosas imaginarias me seducían más que las reales. Siempre fue el Arte más bello que la Historia. p.107

Discreto y socarrón, Galdós no cuenta mucho de su vida en estas memorias. Aún así, su prosa es tan precisa y bella que he disfrutado mucho de sus andanzas vitales y de su amnesia calculada.

¡Hasta la próxima lectura!

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